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The Batisfera Times

En julio

Un tiempo de descanso está bien.

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El periodista

El domingo tuve el gran privilegio de compartir un par de horas con el periodista Jon Lee Anderson en Granada. Fueron uno solo para mí y dos solos triples para él, además de rebanadas de pan con aceite y tomate, en una terraza en el camino a la Alhambra que ofrecía una preciosa vista del barrio del Realejo -más preciosa la vista que el propio barrio, todo sea dicho, y con mil perdones–.

Oscar

Sólo dos objeciones con los Oscar: que Cate Blanchett no haya ganado por su papelazo en I'm Not There; y que Zodiac –para mí la mejor película oscarizable del año por detrás de Pozos de ambición y No es país para viejos– no tuviera ni una sola nominación. ¿Será porque se estrenó hace mucho y se han olvidado de ella?

Y qué insufribles los números musicales, madre mía.

Bond ya no mata

Pregunta del abogado Ian Burnett (caso Lady Di) a Richard Dearlove, ex jefe del MI6: "Durante todo su tiempo en el servicio de espionaje exterior británico, de 1996 al 2004, ¿fue alguna vez consciente de que el servicio asesinara a alguna persona?".

Respuesta de Dearlove: "No".

Cuando lo que importa es el periodista

El reportaje del dominical del periodista que pasó una semana con el Presidente. Qué lamentable. Una semana para eso. El periodista en cuestión, un "experto" en lo que podríamos llamar periodismo de ambiente, tuvo una oportunidad envidiable y acabó haciendo lo que siempre hace: hablar de sí mismo. Qué importa si el caza iba o no detrás del avión, si a él le metían en el tercer coche de la caravana o en el segundo, si el salón del Consejo de Ministros tiene un doble puerta o no, qué dicen las dedicatorias de la Casa Real o qué dejan de decir. El caso es que, de todo lo que pudo tener a su alcance, eso fue lo que interesó al señor P. O. ¿El Presidente? Bien, gracias. Majete. Apenas tres citas. Imagino al director del otro periódico llorando de la risa.

Siete a cero

Siete a cero

El jueves volé a BCN para entrevistar a estos señores. Lo bueno que tiene -o que está teniendo, por ahora- el nuevo trabajo es que me estoy encontrando con varios de mis héroes de adolescencia. Primero fue Nick Cave en Brighton, a mediados de enero, y ahora Portishead.

Una de las grandes verdades del rapsoda Valdano es que el fútbol es un estado de ánimo -el que ha jugado lo sabe-. Y en eso es en lo que el Madrid, hoy por hoy, no tiene rival.

Lo malo del señor E. S., que entrevistó a Martin Amis para el suplemento cultural (fue portada) de uno de los principales diarios nacionales, es que no tiene ni idea de Martin Amis. Si no, no le habría preguntado la mitad de las chorradas que le preguntó. Por ejemplo: "Veo que siente debilidad por [Saul] Bellow". Claro. Si hubiera leído Experiencia sabría que preguntarle eso es como preguntarle a Eric Clapton: "Así que usted conocía bien a George Harrison". Ahora estoy leyendo la autobiografía de Clapton, y es como su vida: un señor que pasaba por todos lados pero nunca terminaba de estar en ninguno.

Cosas de oficina un miércoles por la tarde

Estoy hasta ahí mismo de verle los calzoncillos -cuando no peor- a todo el mundo. Una Ley ya, por favor.

Night on Earth

El sábado A. y yo vimos al director americano de pelo blanco que hace películas sobre café y cigarrillos en Madrid por segunda vez en un mes. Resuelto: está viviendo al lado de nuestra casa. Esta noche le voy a seguir.

Llega el Evangelio

Así, a bote pronto, y con un par, el disco homónimo de Lucas 15 es el mejor disco español que he oído en mi vida. Y no creo que mañana me arrepienta de haberlo escrito -si eso, ya no aparecerá el texto y listo-.

Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo:
"Éste acoge a los pecadores y come con ellos".

HL

Pena lo de Heath Ledger, justo el sábado lo veíamos A. y yo interpretando a Dylan en la genial I'm Not There. Habría sido uno de los grandes.

Down in Albion

Vengo de ver a Babyshambles, harto de todos los jovencitos pijos que se podían pagar la entrada de 26 euros y que no han oído una canción suya en su vida -lo decían ellos y ellas-, pero que querían ver si Pete Doherty "la liaba". Pues no. No la ha liado. Ha dado un concierto correcto, sin más, hasta que ha cantado Albion, la mejor canción que se dejaron sin escribir los Kinks -Ray Davies, quiero decir-. El colmo de la Englishness, como suelo decir, una canción fuera del alcance de cualquier contemporáneo suyo. Pero la gente no habla de esto.

Down in Albion
They’re black and blue
But we don’t talk about that
Are you from 'round here?
How do you do?
I’d like to talk about that

Talk over
Gin in teacups
And leaves on the lawn
Violence at bus stops
And a pale thin girl with eyes forlorn

Gin in teacups
And leaves on the lawn
Violence in dole queues
And the pale thin girl behind the checkout

If you're looking for a cheap sort
Set in false anticipation,
I'll be waiting in the photo booth
At the underground station
So come away, won't you come away
We’ll go to
Deptford, Catford, Watford, Digbeth, Mansfield,
Anywhere in Albion

Yellowing classics
And canons at dawn
Coffee wallahs and pith helmets
And an English song

Oh reebok classics
And canons at dawn
Terrible warlords, good warlords
and an English song

But if you're looking for a cheap tart
All glint with perspiration
There's a four mile queue
Outside the disused power station

Now come away, won't you come away
We'll go to
Satsworth, Senford, Weovil, Woomoyle, NEW-CAST-LE

If you're looking for a cheap tart
Don't glint with perspiration
There's a five-mile queue
Outside the disused power station
Now come away, wont you come away

We'll go to...
Bedtown, Oldham, Nunthorpe, Rowlam, Bristol
Aaa-nywhere in Albion

Anywhere in Albion
Anywhere in Albion
Anywhere in Albion
Anywhere in Albion...

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Sciascia

Termino el último libro que he leído de Leonardo Sciascia, que casualmente fue el primero que escribió: Los tíos de América (en Tusquets bolsillo, recomendación del gran librero madrileño A. M.). Lo descubrí hace poco, pero Sciascia es uno de mis cinco escritores favoritos. Recuerdo haber comprado el primero de los libros que leí de él, Los apuñaladores, en la librería-disquería Miles, en el barrio Palermo de Buenos Aires. Después, A. y yo fuimos al café Dorrego, en la plaza del mismo nombre, ya en San Telmo. Me acuerdo de San Telmo. Bailaban tango en la plaza y se escuchaba desde el café, porque las ventanas estaban abiertas y dentro no hablaba nadie. Hacía buena tarde y tomamos un cóctel, o dos, y nos sacaron aceitunas y cacahuetes. Probablemente fuéramos a cenar a La Petanque, una brasserie en la cercana calle Defensa donde cocinaban un pato exquisito.

Tirad sobre el pianista

Fue la segunda película (1960) de Truffaut, con Charles Aznavour como protagonista. Don't Shoot Me, I'm Only The Piano Player era una canción del Elton John de principios de los setenta. Y No disparen al pianista es el título del nuevo programa "musical" de RTVE, en La 2, que comenzó ayer. Bien. Al pianista no, pobre, pero que disparen a alguien ya, por Dios.

Western Tale

Esta mañana, en un programa de esos mitad alegres mitad estúpidos propios de los días festivos. Se trata, con involucrados invitados, el tema del informe PISA, según el cual los estudiantes españoles no entienden lo que leen. "Sí, pero entendemos lo que cantan los de hip-hop", dice una. Bien vamos.

Escucho: Western Tale, del disco All the Bells and Whistles, de Bryan Estepa. Una maravilla casi clandestina de lo que se llama Americana hecha por un australiano con apellido ruso en español y cara de chino. Está editado por el sello madrileño Rock Indiana, que vende sus discos a cinco euros. Majetes.

No tengo puente, no.

Triste

A estas horas debería estar viendo el concierto de Bruce Springsteen en el Palacio de Deportes, pero no ha habido suerte. Es una jodida manera de terminar una semana ya de por sí desoladora en cuanto a lo musical. La triste separación de La Oreja de Van Gogh implica que, en el futuro -dicen que ya en 2008-, lo que antes era un disco insoportable cada dos años, ahora serán dos, el de ella y el de ellos. Qué cruz.

Wilco

Wilco

Lo de Wilco no se puede explicar, hay que verlo. Yo lo vi en Madrid el viernes, y no pude evitar repetir el sábado en Zaragoza. Por resumirlo de manera breve, al estilo boutade, diré que es la mejor, más sublime experiencia musical -y aquí cuento discos, conciertos, años, todo- que he tenido en mi vida. Podría hablar de momentos, canciones (Via Chicago, Handshake Drugs, Hummingbird, tantas...), pero me quedo con los tres minutos finales de Impossible Germany; para mí, una de las cumbres musicales de la historia. Su interpretación en directo me puso al borde de la lágrima viva. Claro que falta el contexto, suena y se ve fatal, y a bote pronto puede no tener mucho sentido, pero dejo el enlace a esos tres minutos que grabó con móvil uno que estaba en el público. Sirva como documento de lo que hace con las guitarras el grupo que mejor las ha tocado -¿nunca?-. Sólo puedo decir que me hubiera gustado que todo el mundo que aprecio hubiera estado allí.

Interpol, ayer

Interpol, ayer

Ahí estuve anoche, viendo a Interpol con la boca abierta todo el rato. Tenía ganas del concierto desde que entrevisté a su líder Paul Banks (foto), antes no me habían interesado demasiado. Creo que es el típico grupo sin el que puedes pasar perfectamente -yo lo había hecho hasta ahora-, pero una vez que te metes ya no sales, y menos si los ves en directo. Son carismáticos, duros, oscuros -todos con traje negro-, con una calidad de sonido muy poco frecuente, la voz de Banks es tenebrosa y te pone los pelos de punta, aunque nunca a lo largo de todo el concierto como con la inicial Pioneer to the Falls, puede que la mejor canción del año.

Esta noche Wilco. Por fin.

Libros gordos y otros menos

Termino, y es una pena, Tu rostro mañana 3. Veneno y sombra y adiós., tercer tomo de la novela total, definitiva de Javier Marías. No voy a seguir intentando recomendarlo, pues nadie -nadie de quienes yo conozco- lo lee ni ganas tiene. Para mí, no tiene rival. Empiezo ahora Las benévolas, de Jonathan Littell, a ver si me desdigo. Como es muy voluminoso (1.000 páginas), me llevo para el metro Madrid. El advenimiento de la República, de Josep Pla (apenas 173 páginas). Muy ilustrativo, un gran testigo de la época y sus protagonistas, aunque no me termine de agradar cierto cinismo superior del autor. A ver.

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Himno para qué

Qué puñetera necesidad de letra para el himno –o el himno mismo– a esta alturas de partido, una cosa tan anacrónica. De tener "necesidad", o ausencia, no creo que otro país se metiera en semejante fregado. Las letras de los himnos de la mayor parte de países no tienen sentido, o incluso resultan vergonzosas -de vergüenza ajena– vistas con la lupa de 2007. Pero España pocas veces ha sabido de vergüenza ajena ni siquiera propia, así que allí vamos, a cantar qué sé yo qué glorias y alabanzas patrioteras justo ahora, que no tenemos nada que cantar. Qué país.

Soy Elvis

Soy Elvis

Pasa una vez en la vida. Suena el teléfono de mi casa, contesto, y la voz al otro lado del teléfono, y al otro lado del Atlántico, a miles de kilómetros de distancia, dice:

- Soy Elvis.

Y sí, era Elvis. Pero Perkins, devolviéndome la llamada que le había hecho yo y que se había cortado.

Unos diez días después, el domingo pasado, dio el concierto del año en Madrid. Y también lo vieron A. y la periodista Sísifa B.

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